“DE ALMERÍA A NUEVA YORK, FEDERICO CASTELLÓN”
Por José Oliver para Arte10.com (Revista virtual Arte contemporáneo)
“El Museo de Almería presenta la primera exposición individual de uno de los surrealista más desconocidos en Europa. Artista almeriense presente en importantes colecciones americanas, en España solo se había visto su obra en colectivas realizadas en el MNCARS y la galería Guillermo de Osma.” Leer todo el artículo
“FEDERICO CASTELLÓN: POETA EN NUEVA YORK - ALMERIENSE EN BROOKLYN”
Maribel Úbeda, Historiadora del Arte y Crícitico de Arte (AECA). Para
Enterate, Revista de Ocio y Cultura en Almería, (Edición bimensual, Marzo de 2008)
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“El simbolismo que empleo reemplaza la filosofía que pretendo representar, y la filosofía es normalmente de una naturaleza tan abstracta que no la puedo ilustrar con acción, así que tengo que usar el simbolismo…Pretendo mostrar el sufrimiento en sentido abstracto; así que tengo que conseguirlo a través del simbolismo, lo que parece un poco raro a los demás. Les parece irracional.”
Federico Castellón,en “Federico Castellón, his Graphic Works, 1936-1971”.
Desde las líneas que me brinda Entérate, interesados en la cultura y el arte en Almería, toca, de manera indispensable y rotunda, hablar de uno de los más grandes artistas almerienses cuya obra y vida es necesaria Re-Conocer y Reconocer, al fin, en Almería y en todo el territorio español.
Nos referimos al pintor, grabador, ilustrador y escultor, al gran artista plástico, Federico Castellón, nacido en Alhabia en 1914, y fallecido en Nueva York, en 1971, tras una consolidada y exitosa carrera de logros profesionales y personales principalmente en EEUU, lugar en el que desarrolló sus dotes y vivió desde su temprana emigración al Nueva York (concretamente Brookynlyn) de los años 20, junto a su familia y desde los siete años de edad, aunque a fines de los años 40 consiguió la nacionalidad norteamericana. Su familia tuvo que buscar una mejora de vida trasladándose primero a Barcelona, pero tras la continua amenaza del alistamiento de los hermanos mayores en la guerra de Marruecos, el cabeza de familia decidió que todos emigraran a los Estados Unidos. Se fueron transaladando en varios viajes, y la menor de las hermanas ya nación en Norte América.
Su obra y figura, extrañamente poco conocida entre nosotros aun (pero presentada en Almería por la Galería Acanto y por la muestra dedicada por el Museo de Almería, y expuesta en otras partes de nuestro territorio nacional como Madrid) pasó por el surrealismo más ortodoxo y a la vez personal (de sus comienzos en los años 30) hasta llegar a un simbolismo y un expresionismo extremos al final de sus días, y está presente en todos los grandes museos de arte contemporáneo de Norteamérica, donde además de desarrollar una brillante carrera como artista, desempeñó una extraordinaria labor docente, en distintas Universidades americanas, principalmente en la Universidad de Columbia.
Como nos cuenta Emilio Fernández (Galería Acanto, Almería), gran conocedor de la obra de Federico e impulsor de proyectos para que se conozca y reconozca a este gran artista:
“Castellón es sarcástico, con un profundo sentido del humor y del amor, hedonista, optimista, positivo, esperanzado, al mismo tiempo que crítico, analítico y ácido. Sus aparentemente siniestras y tenebrosas, en muchos casos, litografías, cargadas de espíritus, espectros y seres fantasmales que coexisten con los seres terrenales, en las que aparece él mismo no producen miedo, sino todo lo contrario, ya que son un canto al amor, al tiempo, a la vida y a la muerte como parte de esta.”
Ubicado para la crítica española dentro de la estética surrealista, que superó completamente consiguiendo un estilo propio al margen de esta etiqueta, Federico Castellón consiguió las cotas más altas de reconocimiento en Estados Unidos desde temprana edad, ya que Diego Rivera, coincidiendo con su estancia en Nueva York para su Mural del Rockefeller Center, reconoció en él un valor tangible y lo apoyó para que consiguiera su primera beca (en 1933, de manos de la II República Española) para ampliar estudios en Europa, en Madrid y París primordialmente, donde conoció a los grandes maestros contemporáneos en activo y las obras de los grandes clásicos, estimulando su gran potencial; Diego Rivera también le posibilitó su primera exposición en solitario en Nueva York.
Tras este fructífero respaldo, en 1935, y con tan solo 21 años, fué incluido en la exposición de Artistas Españoles/Americanos junto a María Blanchard, Dalí, Juan Gris, Miró y Picasso en París, en Cité de Universitaire (La ciudad universitaria de París).
Y, podemos decir, sin duda a equivocarnos, que Federico Castellón estuvo ,y está, a la altura de los arriba citados, por su excelente y prodigiosa creatividad, calidad técnica (donde abarcó todas los tipos de artes plásticas, destacando considerablemente muy por encima de lo común en el grabado, y especialmente en la litografía), como maestro, y por su gran cantidad de producción, siempre al nivel de su ilimitado talento.
Hondamente personal, la obra de Castellón está cargada de un equilibrio palpable entre su gran belleza plástica y su diversidad y profundidad temática (dentro, sobre todo, de lo mitológico y el psicoanálisis, así como de continuas referencias a la obra de Edgar Allan Poe o Redon, por ejemplo) que lo elevaron a lo máximo en su, inicialmente, difícil entorno artístico, como inmigrante humilde y extremadamente sensible y vulnerable a su temprana llegada a Nueva York.
Su pronta y repentina muerte, a los 56 años, le impidió llevar a cabo uno de sus sueños: el de traer su obra, en vida, a España, y en concreto a Almería, a la que siempre amó y recordó en muchas de sus obra (en temas paisajísticos surrealistas sobre todo).
Como Migule Ángel Carini nos recuerda (comisario de la primera muestra sobre Federico Castellón en el Museo de Almería, e impulsada desde el propio Museo y en especial la Galería Acanto):
“Entre algunos de los reconocimientos más relevantes que obtuvo podemos destacar las dos Becas Guggenheim que le fueron concedidas en 1940 y 1950, que le llevaron al Sudoeste estadounidense y a Italia; su designación como Académico de la Academia Nacional de Diseño; su elección como miembro del Instituto Nacional de Artes y Letras de Estados Unidos; la obtención de numerosos premios de gran prestigio como el Primer Premio del Concurso Nacional de Grabados de Artistas Americanos Asociados, que recibió en varias ocasiones; la Medalla de la Academia de Bellas Artes de Pensilvania, el Premio de la Biblioteca del Congreso, del Club del Grabado de Filadelfia, de la Sociedad de Artistas Gráficos Americanos, o la Beca del Instituto Nacional de Artes y Letras de EEUU.”
Infatigable, Federico encontró en Nueva York (ciudad volcada en las Artes) lo que no pudo aprender en una facultad de Bellas Artes, formándose en filosofía y literatura autodidácticamente y asistiendo a conferencias y exposiciones continuamente, hasta que llegó a exponer en el MOMA de Nueva York, en la muestra Fantastic Art Dada Surrelisme, donde Castellón resultó ser el artista más joven dentro del prestigioso elenco de autores reconocidos; además expuso y difundió su obra en numerosas ocasiones a través de la agrupación de Artistas Americanos Asociados, hecho que demuestra hasta qué punto se involucró y se le incluyó entre los artista norteamericano, aunque él siempre se consideró europeo; trabajó como ilustrador en varias etapas de su vida, en numerosas ocasiones para la popular Revista Life, para la que estuvo a punto de ser corresponsal de guerra también, hasta que fue reclutado para servicios militares que le llevaron hasta China y la India (y de donde trajo una obra de gran valor técnico y sociológico, expuesta en la muestra del Museo de Almería en estas fechas).
De forma incomprensible para todos los amantes del Arte Contemporáneo, apenas ha sido mencionada o mostrada su obra en nuestro territorio, aunque la historiadora Lucia García de Capri, con su estudio sobre “Pintura surrealista en España”, de 1986, fue la primera que retomó su figura, y diez años después, la también historiadora y crítica, María del Carmen Fernández de Capel realizó un análisis exhaustivo de su obra litográfica en “Federico Castellón, Análisis de las litografías”, publicado por el Instituto de Estudios Almerienses en 2006 (como nos cuenta Fernando Martín Martín en su texto para el Catálogo de la exposición en el Museo de Almería).
Federico Castellón tuvo una larga lista de muestras colectivas y en solitario, pero aunque expuso varias veces en España en vida, en Almería, en la población de El Prado, en solitario, en 1934), y en Madrid, en 1934 y en 1935, en La casa de Velázquez (donde por cierto, también estuvieron más adelante, becados, José Guerrero o Carmen Calvo entre otros artistas reconocidos en España), no es hasta los 90 cuando realmente se vuelve a tener en cuenta su figura y su obra aquí, en muestras colectivas como la exposición El surrealismo en España, 1994, en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (que posee obra suya) o, en 2005, en la exposición itinerante Huellas Dalinianas, organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, con la colaboración de este museo, la Fundación Gala-Salvador Dalí y Artium de Vitoria, y expuesta en El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, donde la obra seleccionada, surrealista, por el contexto de las muestras hasta ese momento, de Federico, se codeó de nuevo con autores como Dalí, Benjamín Palencia, Maruja Mallo, Jose Moreno Villa, Óscar Domínguez, Joan Massanet, José Luis González Bernal, Pablo Sebastián, Ángel Planells, José María Urcelay, Leandre Cristòfol, Luis Fernández, Nicolás Lekuona, Ismael González de la Serna o José Ortiz Echagüefu entre otros.
“Fred ha creado a partir de la piedra litográfica un testamento perdurable para sí, pensando y preocupándose profundamente, trabajando con paso firme hacia la perfección en un gran conjunto artístico que merece la admiración y el reconocimiento duradero.”
Fritz Eichenberg
“Federico fue un perfeccionista. A su exhaustivo conocimiento del medio litográfico añadió un sutil sentido del color y un gran dominio del dibujo. Fue una inspiración para los que trabajaron con él; tanto artistas ya reconocidos como joven estudiantes aprendieron observándolo. Durante años de enseñanza dejó su huella en los jóvenes que estarían entre nuestros futuros artistas.”
Chaim Gross
Los almerienses podemos, pues, sentirnos orgullosos de este Federico, el “nuestro” (si se me permite la chulería), el otro poeta, en este caso de lo visual, en Nueva York, un Federico universal (como constatan sus obras y sus viajes por casi todo el mundo), y un almeriense emigrante en Brooklyn que trascendió y hoy nos lega el fruto de su vida y su ser: su fantástica obra por re-Conocer.